Lo pensé mucho antes de decidir escribir algo, porque aveces uno escribe desde la guata, desde el enojo, la pena, desde lo que se siente en el momento, pero ya pasaron los días y después de tanto leer cosas buenas y malas, sigo sintiendo ganas de decir lo que pienso.

Todos los años llevamos la misma fe. Todos los años encontramos una nueva excusa o razón. Con Sampaoli tuvimos motivos de sobra para pensar que ese año sí que sí, pero no. Con Lasarte íbamos con tranco de campeón, quizás podía ser, total ya se le conocían milagros… Con Beccacece muchos pensamos que no jugábamos a nada pero un clásico es un partido aparte y el tipo estaba identificado, así que ese año quizás sí, pero tampoco. Este año también pensé que era el año, porque era distinto tener a dos ex jugadores tan comprometidos con los colores en la banca, pero fue peor.

Cada año duele distinto, jamás podría decir que duele menos, no sé si duele más; sé que duele distinto. También sé que a esos ídolos no se les puede pedir que las cosas cambien en un segundo, sé que no son ellos los que van a entrar a la cancha. Pero el sábado en el Banderazo yo solo quería pedirles algo; que empujaran a esos jugadores cerca de la hinchada, que los obligaran a tomar una bandera, a abrazarse en círculo y cantar, a saltar, que los incitaran a sentirse como hinchas, eso anhelaba en ese momento, pero había un problema. Dos jugadores tomaron banderas ese día; Seba Martínez, un canterano que al igual que su hermano, ha dejado la vida en la cancha por este club, y Rodrigo Ureña, quien llegó a la “U” lleno de ilusiones por jugar en el equipo de sus amores y que a pesar de solo haber recibido rechazos, sigue queriendo estar en este equipo. Johnny es otra cosa, ni siquiera es necesario nombrarlo.

El resto del plantel sólo tomó una postura distante, como observando un espectáculo, como quien va al cine, mirando desde fuera, sin involucrarse, sin participar, sin empaparse de esa euforia, el resto solo miró, se sacó una foto y como queriendo compensar nuestro esfuerzo, empezaron a regalar sus prendas. Nadie entendió.

Lamentablemente, ese poco entendimiento se reflejó en la cancha al día siguiente. Jugadores fríos, poco comprometidos, que no se mataron por llegar a cualquier balón, que al segundo tanto lo vieron todo perdido, bajaron los brazos y dejaron de pelear. Solo uno dio cara, y aunque lo hizo desde la galería, quería hacer mención especial a Leandro Cañete. Estoy segura que cuando le toque hacerlo desde la cancha, lo hará con el mismo amor y aguante.

Pueden pensar que soy irresponsable, que personas como yo matan el futbol o que soy básica, pero quería que por último alguno de la pura rabia le plantara un cornete o una patada en la raja a algún incoloro. Pero no, todos esos anhelos eran ilusorios, es imposible. Cómo voy a pretender que un jugador se comporte como hincha cuando precisamente vienen de jugar en la contra. Cómo van a identificarse con estos colores si hace un par de meses vestían la camiseta que más odiamos en el mundo. Cómo van a saber que lo más importante es el club si en realidad lo que mandaron fueron las lucas, porque si desde la contra les hubieran ofrecido un poco más; estarían jugando allá.

Nos hemos traicionado a nosotros mismos, y lo digo como institución, pues sé que desde la galería no hay nada que nosotros podamos hacer. Nos traicionamos pues admitimos en nuestra familia a quienes alguna vez hablaron mal de nosotros, a quienes alguna vez nos faltaron el respeto, les quisimos creer o nos hicimos los tontos cuando los jugadores llegaron diciendo que “siempre fueron de la U”, nos traicionamos cuando dejamos afuera a los pocos jugadores que aman a este club como nosotros.

Podría aguantar que sigamos perdiendo en ese basural por 16 años más, otros camaradas ya aguantaron calvarios peores, pero siempre y cuando haya 11 jugadores matándose por defender los colores, siempre y cuando quien esté en la banca le de más importancia al merecimiento que a la inversión que se hizo en un jugador.

A pesar de querer que fuera distinto, podría pasar por esto una y otra vez, porque nuestra historia, nuestra naturaleza, nuestro amor y lealtad nos aseguran que vamos a seguir estando ahí, pero por favor no nos sigan exponiendo al dolor de ver a nuestro equipo jugar así, por favor no sigan contratando a más muertos de hambre que solo vienen a ganar plata a nuestras costillas, por favor devuélvannos la magia, por favor devuélvannos a nuestro Club.