Foto: Sebastián Oria

El sábado fue un día desastroso. Tengo tanta rabia e impotencia que ni siquiera se me antoja hacer un buen preámbulo para este texto.

Todo partió mal, con algo que está lejos de ser lo más importante pero es innegablemente influyente. ¿Quién, en su sano juicio, puede pensar que es una buena idea mantener a 37.000 personas a pleno sol, con 29 grados de temperatura, sin permitir el ingreso de botellas plásticas para cargar con agua? No se quién podría creer que es una buena idea que 22 jugadores se expongan a altas temperaturas, arriesgándose físicamente, cuando el partido se podría haber jugado una o dos horas más tarde.

En la cancha, todo siguió en la misma linea, la del desastre. El equipo dio cátedra de cómo regalar en bandeja de plata un campeonato en tan solo dos minutos, o menos. Un gol infantil a los 16 segundos, una desconcentración inaceptable, pero bueno, le puede pasar a cualquiera. Además, en la jugada siguiente… una expulsión.

A dos minutos de iniciado el partido, el equipo ya estaba completamente condicionado, pero se supone que esos 10 hombres que siguen en cancha son jugadores profesionales, que además no deberían olvidar que están jugando por uno de los equipos más grandes del fútbol chileno (aunque algunos consideren que eso no es mucho decir), así que con 88 minutos por delante y jugadores, se supone, de jerarquía, había tiempo de sobra para revertir el ridículo inicio.

Sin embargo, estos 10 jugadores que quedaban en cancha no fueron capaces de sobreponerse, durante todo el primer tiempo a la estocada proporcionada por Audax Italiano. Peor todavía, permitieron que nos acertaran dos más, con nuevos errores infantiles en la zaga, quedando 3 goles abajo en tan solo 22 minutos.

Profe, Dios sabe que lo banco y que el grueso de la hinchada le tiene un cariño enorme. Me encanta que se haya identificado con el club y estoy convencida de que usted hizo mucho por devolverle algo de mística al equipo, sin embargo, todavía no puedo entender cómo pudo mantener todo un primer tiempo sin realizar absolutamente ninguna modificación, estando 3 goles abajo, viendo como Audax se nos venía constantemente encima, parado al borde de la cancha, como perdido en sus pensamientos, sin tomar ninguna determinación, como inerte.

Por otro lado, un grupo de jugadores displicentes, que sin ideas perdían cada pelota en el medio campo, honestamente parecían jugar sin ganas, parecía que solo solo cumplían con estar dentro de la cancha. Que me perdonen los que siempre intentan ponerse el overol, pero el fútbol es una colectividad y es inaceptable que por ejemplo, el arquero suplente no pueda siquiera asegurar el balón al primer contacto. Jamás vamos a cantar “que se vayan todos”, pero empecemos a hacer la pega.

En la misma linea, creo que ya es hora de extirpar el cáncer de nuestro plantel; dos jugadores que más allá de haber vestido la camiseta de la contra, no han sido capaces de dar el ancho en nuestra institución; un Gonzalo Jara que condiciona absolutamente todos los partidos con sus fuertes entradas, con sus faltas innecesarias, con sus infantilismos, como aplaudirle a un árbitro por mostrarle una merecida amarilla, un Jara que más allá de más allá de su indiscutible trayectoria y desempeño en la selección nacional, en nuestro club no ha sido capaz de demostrar porqué debería seguir estando aquí.

Por otro lado, un Jean Beausejour que jamás ha mostrado la rapidez con la que desbordaba por la banda en la Roja, un jugador que cada vez que se espera que entregue un balón y pase a recibirlo nuevamente, se queda parado, como un espectador más del encuentro. Cabe recordar que es uno de los jugadores más caros en la historia del club.

Audax por otro lado hizo un partido inteligente. Con más que lo justo salieron a enfrentar, en su casa, con 37.000 espectadores, a uno de los dos equipos grandes de Chile. Con un juego colectivo, sin individualidades, con una clara idea de juego, con una preparación de tres semanas, como su mismo técnico Hugo Vilches contaba, tres semanas en las que se dedicaron a estudiarnos, a mirar nuestros partidos, a identificar quienes eran nuestras individualidades y cómo anularlas. Hicieron la pega. Y por favor, no caigamos en la ridiculez de criticarlos por hacer tiempo durante el segundo tiempo, ¿qué esperaban?, la pega la teníamos que hacer nosotros, nosotros teníamos la responsabilidad de ganar y seguir en la cima de la tabla. Demuéstrennos que perder de esta forma les duele, que perder una final de la manera en que la perdimos no solo nos duele a nosotros como hinchas, si no a ustedes que entran a la cancha. Demuestrennos que vestir la camiseta de la “U” es un privilegio.

Para terminar, y sabiendo que a muchos les va a molestar todo lo que he escrito, vamos a rematarla. A toda la gente de Andes que ayer se fue quedando más de 20 minutos para el final; gracias. Gracias por irse y ojalá que no vuelvan más. No los queremos ver ahí, ni para una final, ni para un partido internacional. Para ustedes ir a la cancha es como ir al cine; si la película no les gustó entonces se van. No han entendido nada. Quizás sea momento de dejar de vender florcitas ridículas para la cabeza y gorritos onderos en la entrada, a ver si así dejan de ver al fútbol como un entretenimiento más, y por fin empiezan a vivirlo de verdad.

Bien por la gente que se quedó, tanto en Andes como en Galería, bien por los que a pesar del horario, de los 29 grados, de los 2 expulsados y los 3 goles abajo, siguió alentando sin parar. Bien porque seguramente son ustedes los que la próxima semana estarán en Concepción, y más adelante donde sea que el Romántico Viajero nos convoque. Si fuera por ustedes seríamos campeones en todo el mundo.

¿El León está herido? Entonces que ruja más fuerte. Por Valentina Utreras.